De Vínculos a Referentes: un viaje de humanidad compartida
Mi experiencia con el proyecto Referentes está muy ligada a mi experiencia en el proyecto Vínculos; la una no es posible sin la otra.
Cuando Dayana me presentó el proyecto Vínculos, en un principio para dar clases de castellano a personas migrantes en situacion de vulnerabilidad, realmente no tenía ni idea de dónde me estaba metiendo. Estuve desde el principio en todas las charlas con CEAR, con Málaga Acoge y con Asha-Kiran y, aun así, no supe qué era realmente participar en Vínculos hasta que comenzaron las clases.
Creo que todo el mundo que está en voluntariado social sabe que siempre se recibe más de lo que se da. Al fin y al cabo, uno ofrece tiempo y conocimientos, intenta poner también un poco de afecto y de humanidad en la tarea. Sí, la teoría es muy bonita, pero la práctica siempre nos coloca en otro lugar. A mí en concreto me puso en un sitio de humanidad al que no estaba acostumbrado, poco frecuente en nuestra cultura occidental, donde cada uno va a lo suyo y al de al lado se le mira un poco de reojo. Me reconozco en este egoísmo cultural.
Uno juega roles y se coloca en el mundo según esos roles: ingeniero, profesor, jubilado, empresario… uno hace algo y eso le da un lugar. Al principio, las clases de español te colocan en el rol de profesor, de alguien que sabe y enseña. Sin embargo, los días y, sobre todo, las personas que asisten a las clases te van situando en otro sitio.
Recibes afecto, y sabes que no es por lo bien que enseñas ni por lo buen profesor que seas. Da igual si enseñas mejor o peor: es un afecto que nace directamente de un ser humano a otro ser humano, sin más historias. Y así, uno empieza también a sentir afecto por los alumnos, que se convierten en amigos, en personas que te importan. Se crean grupos, nacen vínculos entre ellos y también entre los “profesores” (esos humanos que se pringan de tiza). Nace el humor, el teatro, las risas, lo bien compartido. A veces se nos pide profundizar en los temas, no despistarnos del objetivo, otras veces se nos piden galletas y algo de beber.
Y es en esta salsa donde nace Referentes, algo que todavía no sé muy bien lo que es, pero que de momento me ha colocado junto a una persona con la que comparto un rato cada semana: un paseo por la ciudad, una visita a un abogado, una charla por el puerto, un café.
En ese compartir espacios y tiempos hay algo que se va fraguando, algo que nos va conectando, independientemente de quiénes seamos, de los roles que juguemos o de dónde vengamos. Charlar con una persona que apenas conoces, que viene de otro continente y tiene una visión del ser humano, de los valores y de la vida radicalmente diferente… nos contamos cosas y nos asombramos mutuamente por detalles que en un contexto cultural son triviales.
Nos abrimos uno al mundo del otro con inocencia y curiosidad, sin juicios, con alegría y afecto. Nos reímos, por ejemplo, cuando le muestro que en España las mujeres se saludan con dos besos y los hombres con un apretón de manos. Cosas así van generando cuestionamientos en mi propia forma de vivir en este mundo tan normativizado culturalmente. Creo que eso es lo más grande que estoy recibiendo en estos intercambios: los cuestionamientos, las invitaciones a ampliar la mirada, a volverla más humana. Y, por supuesto, los afectos.
Paco Aguilar, Voluntario en el Proyecto Vínculos.
Con el apoyo del Ayuntamiento de Málaga.