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Intocable

Kabir sabe que, antes de que salga el sol, debe salir a recoger basura de las calles. Coge su saco y empieza a caminar. Vive en Varanasi, India. Le rodean los primeros cánticos, bolsas de plástico, vacas, insectos y algunas cabras.

Las personas le ignoran cuando deambula en busca de desechos – es un niño Dalit, considerado “intocable” debido a su casta.

Para los hindúes creyentes, nacer en una casta u otra es el resultado de los méritos o desméritos de vidas anteriores. A pesar de haber sido legalmente abolidas en 1950, las castas definen unas posibilidades sociales y laborales de manera casi inamovible. Unos 200 millones de personas en India siguen siendo consideradas “intocables”.

Kabir regresa a casa con la bolsa llena y el estómago vacío. Comerá si hay suerte. Si no, deberá esperar a la hora de almorzar. No le importa comer siempre arroz. Le encanta y agradece saborear hasta el último grano.

Antes de ir a buscar a su hermano menor a la escuela, Kabir corretea por las laberínticas callejuelas. Llega hasta el río Ganges y se da un largo baño, se viste y corre hasta la sede de una ONG extranjera donde le espera su hermano. La mayoría de los colegios locales cierran sus puertas sin pudor cuando saben que los nuevos alumnos son Dalits.

Sentado en las escalinatas del río Ganges, Kabir repasa el abecedario escrito en la libreta de su hermano. Se lo sabe de memoria.

Satisfecho después de recitarlo de memoria, pide una cometa a un muchacho y salta y ríe como nunca. Entre letras y juegos, este momento es el único que tiene para sentirse el niño que realmente es.Empieza a oscurecer y Kabir debe volver a casa. Acelera el paso para entregar a su padre las 10 rupias (9 céntimos de euro) que ganó vendiendo plásticos. Después, preparará una cesta de mimbre con las velas y flores que vende por la noche. Se da prisa, pues no quiere enfadar a su padre. Kabir consigue vender tres velas, librándose así de una paliza.

Antes de regresar a casa, enciende una de las velas, la coloca en el río Ganges y deja que la corriente se la lleve.

La luna ilumina las aguas del río sagrado junto con la pequeña luz que arrastra el anhelo de Kabir: “ser médico para ayudar a los demás”.